Ayudando a nuestros hijos a usar lentes sin miedo
Nos enteramos de que Olivia necesitaba lentes durante su cita anual con el pediatra, él no estaba completamente seguro, pero notó que algo no parecía estar bien con su visión y decidió derivarnos a una oftalmóloga.
Antes de la consulta, confieso que pensé que mi hija quizá estaba confundiendo las letras, así que incluso practicamos un poco en casa.
Llegamos a la cita con nervios y mucha incertidumbre. Ese día nos confirmaron que Olivia tenía miopía y muchas emociones se me vinieron a la mente.
Yo uso lentes desde los 13 años, y saber que ella tendría que usarlos desde tan pequeña me hizo sentir culpable.
La carita de Oli reflejaba preocupación, tristeza y el miedo natural a enfrentarse a algo completamente nuevo.
Mantuve la calma y le dije que íbamos a seguir exactamente lo que la doctora recomendara, que usaría sus lentes ocho horas al día.
Le expliqué con cariño que yo también uso lentes y que estoy bien, que a ella no le iba a pasar nada malo.
Le dejé claro que los lentes eran para ayudarla, para ver más claro el pizarrón, las letras y todo a su alrededor, y quise que sintiera que no estaba sola y que esto era algo bueno para cuidarla y acompañarla.
Le recordé que varias de sus mejores amigas también usan lentes y que no estaría sola.
Le dije que los lentes podían ser divertidos, que podía combinarlos con su ropa y elegir distintos colores según cómo se sintiera.
Quise que los viera no como algo que la limitaba, sino como algo que la acompañaría y la haría sentirse segura y especial.
Lo que más ayudó fue el apoyo de amigas muy cercanas que, al enterarse, hablaron con Olivia y la hicieron sentirse acompañada.
Le contaron que muchas niñas usan lentes, que incluso existe un “club” de quienes los usan y que puede ser algo divertido.
Poco a poco, su miedo a lo desconocido se transformó en curiosidad y en la idea de que usar lentes también podía ser algo lindo y normal.
Para las mamás que están pasando por esto:
Las citas periódicas con el pediatra son clave, ya que pueden orientar si los niños están viendo de la mejor manera.
Si notas retrasos académicos, dificultad para leer o cuando están leyendo se santan líneas, podría ser una señal de que no están viendo bien.
Mantener comunicación constante con los maestros es fundamental, muchas veces ellos detectan cambios antes que nosotros.
Cómo ayudar a nuestros hijos a sentirse seguros con sus lentes:
• Normalizar el cambio: hablar de los lentes como algo común, sin dramatizar ni convertirlo en un tema “especial”.
• Darles control: dejar que elijan sus armazones o colores para que sientan que es una decisión propia.
• Usar lenguaje positivo: evitar frases como “pobrecita” o “que pena que tengas que usarlos” y cambiarlas por “esto te va a ayudar”.
• Reforzar su confianza: recordarles que los lentes no los definen y que siguen siendo exactamente los mismos.
Al final, los lentes no cambian quiénes son nuestros hijos, solo les ayudan a ver el mundo con mayor claridad.
Nuestro rol como mamás es acompañarlos con calma, amor y seguridad, para que ellos también se sientan seguros.
Porque cuando se sienten apoyados en casa, cualquier cambio se vuelve más fácil de abrazar.
Si estás pasando por algo parecido, déjamelo saber en los comentarios y recuerda que no estás sola.